Alado de mi asiento, en la pared que separaba la calle de mi mesa, vi un hombrecito
tenía un abrigo café de cotele, jeans gastados por el tiempo, zapatos negros sin lustrar, una mochila antigua y un gorrito chilote, lo acompañaba un perro negro, que esperaba que su dueño terminara de desarmar su casa... quién sabe que casa se comprarán mañana.
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